lunes, 21 de marzo de 2016

De casta le viene al galgo

  He tardado bastante tiempo en comprender la compulsión obsesiva del presidente en funciones, Mariano Rajoy, por la utilización exhaustiva del refranero en su lógica discursiva a falta de otras figuras retoricas más cualificadas y propias de tan alta magistratura. Llegué a pensar que el responsable de su corrección de estilo pudiera ser algún destacado miembro de la tradición oral en el Instituto Cervantes. pero hoy, casi cuatro años y medio después de su investidura entre gobierno mayoritario e interinidad, he llegado a la conclusión de que el refranero en boca de un político, parodiando a Gabriel Celaya en el día mundial de la poesía, es "un arma cargada de futuro" , aunque en manos de un presidente como Mariano pueda llegar a ser un arma de destrucción masiva.
  Y viene a cuento esta reflexión  sobre el refranero español y su capacidad para explicar casi hasta lo inexplicable, porque no he encontrado mejor manera para entender los últimos acontecimientos ocurridos en el partido del color del Jueves Santo ahora que entramos en la Semana de Pasión, aunque para ellos la pasión hace ya bastantes días que habita entre sus filas, y no una pasión derivada precisamente del ejercicio amoroso al que su líder nos había acostumbrado en aquellos idílicos parajes del hemiciclo en la primavera de la investidura.

sábado, 19 de marzo de 2016

El sueño de una noche de Senado...





Era casi la una de la madrugada cuando abandonábamos el Senado después de una intensa sesión plenaria donde habíamos viajado desde el suplicatorio de un senador de Bildu, acusado de colaboración con banda armada, hasta una moción del grupo socialista sobre la LOMCE, pasando por sendas mociones del grupo popular sobre las diputaciones y la unidad de España. Y allí permanecía vigilante una cámara de televisión esperando captar la trasnochadora tocata y fuga de Rita en el día de su vuelta al ruedo parlamentario y que había provocado más morbo mediático que el anunciado de José Tomás en la próxima Feria de Jerez, con todo el papel vendido desde el mismo día que se puso a la venta.
Aquella cámara, solitaria y noctámbula, era el ejemplo más claro de que la contraprogramación mediática que Rita había pretendido, convocando en la noche del lunes, deprisa y corriendo, una rueda de prensa para primera hora de la mañana del martes, no había surtido el efecto deseado. Durante todo el día el laberinto de pasillos del Senado tenía más cámaras por metro cuadrado que el sistema de vigilancia de la Reserva Federal americana.
Pero no fue todo Rita, como mencionaba al inicio, en la tarde-noche-casi madrugada del martes también se lidiaron tres mociones de las que retratan al proponente. La primera de ella era una declaración de amor del Partido Popular a las diputaciones. El furor amoroso del que hizo gala Pablo en la sesión de investidura parecía haberse apoderado de los populares que intentaban llenar de amor el agujero negro al que su líder les ha llevado desde que el resultado electoral del 20D le hizo refugiarse en una especie de ataraxia vital que para sí hubiera querido el personaje central de El Árbol de la Ciencia de Baroja.

viernes, 11 de marzo de 2016

El Beso del Dragón

  Hace ahora siete días cuando, a la luz del anochecer madrileño, Pablo puso fin a la pequeña comedia de amor con la que deleitó a todo el país desde la sede de la soberanía popular. Si no fuese por lo patético del hecho en si mismo, hasta podríamos haber reído con aquel esperpento a medio camino entre Valle Inclán y Corín Tellado, la reina de la fotonovela española allá por la década de los sesenta y setenta. Pareciera que el equipo de Pablo hubiera preparado su intervención en una sesión de "ouija" con la desaparecida escritora poniendo en escena una especie de "Cupido" parlamentario que desde el minuto uno asaeteaba con sus flechas a todas las bancadas intentando tejer lazos de amor donde pocos días antes había roto de manera intencionada los pocos que le unían con la sensatez y hasta con la calma gesticulante de su, al parecer fiel escudero, Iñigo Errejón.
   Cambió Pablo el tono,  quiso pasar del  agrio grito incendiario al dulce susurro de amor, pero a lo más que llegó fue a dejarnos  un sabor agridulce del gusto sólo de los amantes de la cocina china. Cambió las formas, su gestualidad llegaba a ser casi amanerada, resultaba forzada, probablemente producto de una lucha interior entre su ADN "barrabasero" y el guión mental que Errejón le había hecho interiorizar para no terminar de asaltar los infiernos, objetivo que casi había conseguido con su primera intervención del miércoles. Por cambiar, cambió hasta el color de la camisa, abandonando el blanco cal viva en beneficio de un tono rojizo indefinido a medio camino entre la franela bolivariana y el morado de la casa. Pero no era cambio todo lo que lucía, el fondo permanecía inalterable, los propósitos celestinescos no terminaban de ocultar sus verdaderas intenciones, conforme los minutos avanzaban resultaba más obvio que Lampedusa tambíén había participado en la mesa de guionistas, una especie de "jam session" perversa y descarnada donde se concluyó que el cambio en las formas era la mejor manera de conservar el mismo fondo, genial!!!! debió exclamar Irene Montero cuando
Iñigo terminó de explicar el proceso, solución esta de los cambios que no debió satisfacer mucho a Pablo que hacía tiempo que había abandonado la reunión para hacer varios canutazos en los pasillos y una media rueda de prensa que le ayudara a matar el tiempo de la espera, porque ya sabemos todos que él es más un hombre de acción que de ideas, y lo de cambiar el rock duro de "Barón Rojo" por los boleros de "Moncho" y las flechas del amor de "Karina", como que no le terminaba de convencer, pero bueno, donde hay Errejón no manda marinero....
 

lunes, 7 de marzo de 2016

Cal viva?, o viva la cal!!

 Fue a finales de Junio pasado cuando tomé la decisión de silenciar este blog, cosa que no resultaba sencilla sobre todo si nos atenemos a su título, "Hablar en tiempos revueltos". La propia esencia de ese casi profético título reunía los ingredientes necesarios para convertir el mandato del silencio  en una especie de "misión imposible" por indeseada.
  No sé si fue la dolorosa y obligada convivencia con mis problemas físicos la que me llevó a callar o fue el olvido inconsciente de lo versos de Blas de Otero, "...si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra...", declaración de principios que encabeza este blog y a la que vuelvo,  convencido de que corren buenos tiempos para la palabra y los tiempos revueltos se apoderaron ya de nuestras vidas.
  Pienso que fue el reciente debate de investidura, y sus cuantiosos daños colaterales sobre la credibilidad democrática, lo que me ha impulsado a tomar el teclado por la fuerza y arrancar de nuevo esto, que no son sino conversaciones poco íntimas conmigo mismo.
   A mí, como al común de los mortales,, e incluso algunos inmortales de Somosaguas, léase por ejemplo Iñigo Errejon, nos sacó de la autovía,  del  tono lógico del debate parlamentario, el volantazo, que el conductor supremo del autobús morado dio en la primera curva de réplica, perdiendo todas las bondades con las que San Cristóbal, patrón de los conductores, le había bendecido la épica noche del 20D. Hay quienes aseguran que el pasaje aún no se ha respuesto de la sensación de vértigo , y a la prensa de hoy mismo me remito en sus crónicas sobre la salud del "podemismo ilustrado", en concreto esas turbulencias que azotan no sólo la periferia sino también ya el epicentro del proyecto político  de la "madraza" de Somosaguas, y es que la cal, señor Iglesias, perdón, Pablo, no se me vaya a enfadar, que todas las adicciones son respetables y la suya al tuteo mucho más, decía Pablo, que la cal es como un boomerang, que se vuelve contra quien la lanza. Apareciste Pablo exultante al tiempo que insultante, las dos caras de una misma moneda, la del egolatra perfecto, y además perdonavidas....algo que no conseguiría hacer olvidar ni el tono pretendidamente platónico, en su acepción más popular, que sacaste a bailar en tu intervención del viernes. Nunca vi manera más falazmente hortera de tomarle el pelo pelo a la soberanía popular, que es poliédrica por más que tú sólo la veas desde una innovadora fórmula de  pensamiento único.