domingo, 21 de junio de 2015

#TonteaComoErrejón

  A ciencia cierta no podría asegurar cuales son las causas reales que hacen que esta mañana de domingo me sienta sumido en una especie de agujero negro que amenaza con llevarse por delante esa creencia firme que heredé de las campañas publicitarias de la ONCE que venia a decir que con la compra del cupón cada día tiene su ilusión. Esa creencia que durante años me ha valido para afirmarme en la idea del proverbio oriental: por mucho que disparemos al gallo no dejará de amanecer...
   No sé si achacar el estado de ánimo a los efectos del "núcleo irradiador" del Nuevo San  Mamés, donde en la tarde de ayer una manada de cachorros hambrientos de gloria fueron capaces de mandar a lo más profundo de la ría de Bilbao a todo un Submarino Amarillo, que más que submarino parecía la gabarra del despropósito, ó achacarlo a la "seducción de los efectos laterales" del viento de Levante que desde hace días azota la zona sur de la provincia donde tengo el privilegio de vivir. Lo cierto y verdad es que a esta hora de la mañana lo único que se me ha ocurrido es lo de echar un vistazo a la prensa digital  por si se cumplía aquello de que "mal de muchos, consuelo de tontos", pero ni por esa soy capaz de salir del "embotellamiento neuronal" que desde la tarde noche de ayer me tiene recluido en una especie de desapego de la vida que para si hubieran querido los antiguos moradores de la Cartuja de Jerez.
   Estoy por llamar a la "madraza de Somosaguas", que viene a ser como el teléfono de la esperanza de la nueva política, por si Errejón está de guardia este fin de semana y me ayuda a reforzar esa capacidad intelectual que mis neuronas se resisten a soportar en las actuales condiciones. También he pensado en darme una vuelta por la plaza de San Juan de Dios, esa especie de plaza Tahrir a la gaditana, donde la "primavera si se puede" ha tenido tantas manifestaciones de fervor emergente en los últimos días. Pero viendo la foto que publicaba la prensa del líder Iglesias y el alcalde Kichi despachando asuntos de futuro sentados en la acera, he llegado a la conclusión de que mi castigada columna vertebral me incapacita, con la categoría de "permanente absoluta", para la nueva política.