domingo, 13 de enero de 2013

Casas Viejas, ochenta años después

  Recuerdo en estos días aquellas conversaciones con mi padre en las que yo intentaba conocer que había ocurrido en nuestro pueblo en aquellos días negros de enero de mil novecientos treinta y tres. Siempre he tenido en mi mente aquel relato de un niño con siete años recién cumplidos y que se había convertido en testigo no deseado de un acto de crueldad sin límites. Me resultaba difícil entender que entre sus recuerdos infantiles ocupara un lugar tan importante aquella visión caótica de una noche de violencia y muerte, la violencia de quienes en múltiples ocasiones han confundido trágicamente su deber de salvaguardar el orden público convirtiéndose en protagonistas malditos de la historia y la muerte de quienes simplemente gritaban libertad. Los ojos infantiles de mi padre quedaron marcados para siempre, como los de la gente de nuestro pueblo, por el resplandor del fuego asesino y en sus oídos resonó durante mucho tiempo el estruendo de las ametralladoras que se abría paso en el frío de aquella noche infernal del mes de enero.

jueves, 3 de enero de 2013

Herodes anda suelto

    Conforme leía la noticia iba surgiendo en mí una curiosidad malsana que me llevó irremediablemente a la lectura integra del texto siendo consciente de que mi debilidad intelectual no me iba a permitir la comprensión en todos sus términos de lo que allí se planteaba, pero la idea de que  dos mil años después Herodes siguiera con vida me atraía poderosamente hasta el punto de que decidí armarme de valor y leerme la carta pastoral en su totalidad. Y la verdad es que no tiene desperdicio, es, sin lugar a dudas, una profunda reflexión sobre la situación actual de las familias en Córdoba, en Andalucía y en España,  sobre como la "ideología de genero" nos ha convertido en una especie de monstruos heréticos por el simple hecho de profundizar en los derechos y libertades de las personas y en especial de las mujeres que son quienes históricamente han padecido más la visión ultra católica del "género". A estas alturas de la película uno espera que cualquier reflexión cristiana, más concretamente católica, sobre la familia se centre en los problemas que tienen para cubrir sus necesidades más básicas, para eludir el auténtico mal de los tiempos que corren que es la pérdida del hogar mediante el brutal procedimiento del desahucio en el que la diócesis de Don Demetrio algo tiene que ver de cuando regentaban los destinos de Cajasur.